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La no tan sencilla odisea de la Hayabusa 2

La sonda japonesa se enfrentó a numerosas dificultades.

Su misión es ya, a la espera de su regreso, un éxito espectacular para Japón y su agencia espacial. Planificación, trabajo duro y la capacidad de aprender de la experiencia de su predecesora fueron claves, pero también una enorme capacidad de adaptarse a circundanticas imprevistas y potencialmente fatales. Y es que, a pesar de esa sensación externa de que todo transcurrió según el plan previsto y sin problemas, su equipo humano se enfrento a retos que bien podrían haber llevado la misión a un final prematuro.


Hayabusa 2 llegó a Ryugu con ideas preconcebidas sobre lo que se encontraría, basadas en la experiencia de la anterior Hayabusa. Algo poco recomendable, ya que los asteroides, lejos de ser simples rocas clónicas, son pequeños mundos cada una con su propia historia. Y donde se esperaba un lugar lleno de lugares lisos, llanuras cubiertas de polvo, donde la sonda pudiera aproximarse sin peligro, se encontraron con algo muy diferente. Un terreno accidentado lleno de grandes rocas, sin aparente espacio para operar. Yuichi Tsuda, director de la misión, clasificó como «muy severo«.

Eso es decir poco. La Hayabusa 2 fue diseñada esperando encontrar un área plana de unos 50 metros donde aterrizar. Pero «no había tales lugares en el asteroide«, explica Tsuda. «Nos vimos obligados a cambiar nuestra estrategia y encontrar una manera segura, y al mismo tiempo mejorar el rendimiento a la hora de aproximarnos al asteroide«. Otro problema fue cuando los ingenieros soltaron sobre la superficie un marcador para ayudar a la sonda en su orientación, que tendrían ese punto blanco como guía en sus maniobras finales. Pero a la hora de la verdad era incapaz de verla desde la posición previa al descenso final, situado a unos 45 metros de altura, por lo que se modificó la órbita y se la situó a solo 30 metros, a lo que se añadió una actualización de su sistema óptico para que la superficie pareciera más clara y definida. Un duro trabajo que felizmente funcionó.

Y con una precisión encomiable. Después de hacer el primer «touchdown» el 21 de febrero a solo 1 metro del punto de aterrizaje previsto, el segundo, el 11 de julio, superó la marca, a solo 60 centímetros. Tal exactitud le permitió deslizarse entre varias rocas de medio metro de altura y realizar el contacto.

Un trabajo improvisado, pero que también tenía una base de previsión a lo largo de años de trabajo, en que se afrontaron simulaciones ante escenarios inesperados, lo que seguramente explica la rapidez de reacción ante las primeras imágenes que mostraban un terreno más rocoso de lo previsto, dando así tiempo al desarrollo de un nuevo plan.

En definitiva, un éxito no tan inevitable como parecía, que afrontó sus propios obstáculos y dificultades, quizás no tan conocidos por no tener la JAXA unas política de información tan clara como la NASA, que no duda en convertir en un espectáculo mediático cualquier evento espacial. Y de la que los técnicos japoneses seguro que aprenderán mucho de cara al futuro, como la sonda MMX, destinada a la exploración y toma de muestras de las lunas de Marte. Y quien sabe, para una futura Hayabusa 3.

El marcador, una esfera blanca que debía ser usada por el sistema óptico de la Hayabusa 2 para guiarse hacia el punto de aterrizaje previsto, pero que se reveló demasiado tenue en las imágenes para ser vista desde 50 metros de altura, obligando a reprogramar su trayectoria para iniciar su descenso final a 30 metros, sumado a una mejora de la definición de las imágenes.

El gran y complicado viaje de la Hayabusa 2.


How Japan’s Hayabusa2 Stuck Its Landings on the Boulder-Strewn Asteroid Ryugu

LINK DE LA FUENTE ORIGINAL OCEANO ESTELAR

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