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El cometa interestelar C/2019 Q4 Borísov

La consecuencia más importante del descubrimiento en 2017 del objeto interestelar ʻOumuamua (1I/2017 U1) fue que tomamos conciencia de un sorprendente hecho: nuestro sistema solar es visitado constantemente por intrusos interestelares sin previo aviso. Una de las conclusiones de los estudios que se hicieron sobre ʻOumuamua es que estos objetos interestelares deben ser relativamente frecuentes. Básicamente, porque las probabilidades de que una visita de este tipo tenga lugar durante el transcurso de nuestras —breves— vidas son muy bajas a no ser que se trate de un suceso relativamente común. Claro está que extraer conclusiones de un suceso único es, por decirlo de alguna manera, un pelín arriesgado.

El cometa Borísov y su espectro observado por el telescopio GTC de La Palma (IAC).

Pero ya podemos respirar tranquilos, porque dos años después de la visita de ʻOumuamua tenemos otro posible visitante interestelar: el cometa C/2019 Q4 (Borisov). De confirmarse, sería el primer cometa interestelar ‘de verdad’, ya que ʻOumuamua apenas presentó actividad cometaria durante su paso por las cercanías del Sol (sea como sea, no olvidemos que la frontera entre cometas y asteroides es prácticamente inexistente). El cometa Borísov fue descubierto el pasado 30 de agosto desde Crimea por el astrónomo aficionado ruso Guennadi Borísov cuando se encontraba a 450 millones de kilómetros del Sol, aunque el descubrimiento no fue conocido por el resto del mundo hasta el 11 de septiembre (como nota aparte, el conflicto ruso-ucraniano ha provocado que Borísov no sea reconocido fuera de Rusia como astrónomo de ese país). A diferencia de ʻOumuamua cuando fue descubierto, el cometa Borísov todavía no ha alcanzado el perihelio —o sea, el punto más cercano al Sol de su órbita—, algo que no ocurrirá hasta el 8 de diciembre de este año. Eso significa que todavía tenemos bastante tiempo para estudiar su evolución.

Trayectoria del cometa C/2019 Q4 (Borisov) (NASA).

La naturaleza interestelar de Borísov no ha podido ser todavía confirmada por culpa de las incertidumbres en el cálculo de la órbita. Los cometas más lejanos que vienen desde la nube de Oort tienen una órbita prácticamente parabólica. Cualquier pequeña fuerza externa que actúe sobre ellos puede hacer que su órbita sea ligeramente hiperbólica. Además, al tratarse de un cometa no se puede despreciar el efecto de la actividad de los chorros del cometa a la hora de modificar dicha órbita. Sin embargo, Borísov tiene una excentricidad superior a 3,6, por lo que es prácticamente imposible que su órbita no haya sido hiperbólica desde el comienzo (una órbita parabólica tiene una excentricidad de 1).

Telescopio GTC en el Roque de los Muchachos de La Palma (IAC).

Por tanto, Borísov es casi con todas seguridad un objeto interestelar que se ha acercado a nuestro sistema solar a una velocidad de casi 34 km/s (como comparación, la velocidad de ʻOumuamua era de 26 km/s). Hasta ahora hay pocas observaciones con telescopios de gran tamaño que nos permitan entender la naturaleza de este objeto. Sin embargo, el 12 de septiembre un equipo de astrofísicos españoles observó el cometa Borísov con el instrumento OSIRIS del telescopio GTC (Gran Telescopio Canarias) del Roque de los Muchachos (La Palma). ¿Y los resultados? Pues, sorprendentemente, nada fuera de lo común. C/2019 Q4 parece un cometa más y no tiene nada de especial.

Trayectoria del cometa Borísov (IAC).

En realidad no es un resultado sorprendente, porque todos los cometas vistos a millones de kilómetros de distancia deberían tener la misma composición. Al fin y al cabo, desde lejos un cometa es una bola de nieve sucia rica en sustancias orgánicas y volátiles (hielos de agua, metano, dióxido de carbono, etc.), sustancias terriblemente comunes en el Universo. Si queremos averiguar la verdadera naturaleza de este cometa habría que analizar su composición de cerca —el objetivo principal sería comprobar la abundancia de diversos isótopos—, pero para eso hace falta una sonda espacial. La agencia espacial europea (ESA) quiere desarrollar la misión Comet Interceptor para sobrevolar un objeto interestelar cuando pase por el sistema solar interior, pero huelga decir que no llegará a estar lista para visitar al cometa Borísov.

Sonda Comet Interceptor de la ESA (ESA).

Borísov, como antes ʻOumuamua, se alejará para siempre del sistema solar y no volverá jamás. Puede que veamos muchos objetos interestelares en el futuro y que incluso seamos capaces de visitar algunos, pero tengo la angustiosa sensación de que estamos dejando escapar unas oportunidades maravillosas para estudiar cuerpos que nacieron alrededor de otras estrellas y que, recordemos, son únicos e irrepetibles.

Referencias:

  • http://www.iac.es/divulgacion.php?id=1610&op1=16
  • https://www.jpl.nasa.gov/news/news.php?release=2019-185
  • https://iopscience.iop.org/article/10.3847/2515-5172/ab449c
  • https://ssd.jpl.nasa.gov/sbdb.cgi?sstr=C%2F2019%20Q4;

LINK DE LA FUENTE ORIGINAL NAUKAS DANIEL MARIN

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