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Consecuencias geológicas de un incendio

Una vez perimetrado y controlado el incendio que en los últimos días ha asolado la vertiente septentrional de la Sierra de Guadarrama en el término municipal del Real Sitio de San Ildefonso (Segovia, España), el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) hace balance de sus consecuencias en el medio natural y en las infraestructuras humanas.

Las autoridades medioambientales de la Junta de Castilla y León ya han hecho un balance provisional de la superficie incendiada, y la proporción de la misma ocupada por diferentes estratos vegetales (zona arbolada por distintas especies de coníferas y frondosas, matorral, pastizal…). Desde la Sociedad Española de Ornitología han realizado un balance de las posibles afecciones a la avifauna, especialmente a las colonias nidificantes de buitre negro, que por suerte no se han visto muy dañadas. Pero, para completar el balance de sus consecuencias falta por analizar la tercera parte del medio natural: la Gea, esto es, a las posibles afecciones del incendio a las formaciones rocosas y los relieves que constituyen.

Afortunadamente, la provincia de Segovia en general y el Real Sitio en particular, cuentan desde hace décadas con catálogos e inventarios de las formaciones rocosas y sus relieves de mayor valor: son los Lugares de Interés Geológico (abreviados como LIG). Desde el año 1991 se dispone de un listado de LIG de la provincia; desde el año 2000 se ha calculado su valor científico según su singularidad, interés o representatividad; y desde 2005, los de Segovia y su alfoz además están protegidos por las Directrices de Ordenación Territorial de Segovia y su entorno (DOTSE) y en los inventarios de patrimonio geológico del parque nacional de la Sierra de Guadarrama y su parque natural circundante. A lo que se suma que los LIG de relevancia nacional están incluidos desde 2011 en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico (IELIG) y se pueden consultar en la web.

En concreto, en los términos municipales del Real Sitio de San Ildefonso y Palazuelos de Eresma, los diferentes inventarios recogen la presencia de los diversos LIG: Salto de El Chorro Grande, Cascada de El Chorro Chico, los circos glaciares de la cabecera de los arroyos del Chorro Grande y el Chorro Chico, el nicho de nivación de la cabecera del arroyo Morete, los relieves gnéisicos pseudo-graníticos (lanchares) y diques aplíticos de las márgenes del arroyo del Chorro Grande, los depósitos torrenciales y gravitacionales de la mata basal del Chorro Grande, los manantiales fisurales y coluviales de Fuente Infante y su entorno, morfología periglaciar de la ladera norte de Peñalara, mármoles del collado de la Flecha, las Calderas del río Cambrones, las mineralizaciones As-Ag de La Atalaya-Cerro de las Cardosillas, la Chorranca y las rosetas y terracillas en el collado de Dos Hermanas.

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Un incendio forestal. (Foto: Skeeze / Pixabay)

Como se puede interpretar del cruce de la zona incendiada con la situación de los LIG y sus elementos de interés patrimonial, «el incendio no ha afectado significativamente a muchos de ellos, evitando la destrucción de los afloramientos rocosos por fractura debido al efecto térmico del fuego, o su tinción por el humo y las cenizas», explican los expertos del IGME. «Pero sí que ha afectado los pequeños manantiales fisurales y coluviales (fuentes próximas a la pista de subida a Fuente Infante) y ha deteriorado algunos relieves en gneises pseudograníticos, como son lanchares, berruecos y peñas».

Una vez ocurrido el incendio y con la pérdida de la cubierta vegetal, lo más importante, destacan, «es que pueden ocurrir una serie de procesos geológicos, desencadenados por lluvias y tormentas, que ocasionen daños y pérdidas a corto y medio plazo como: la erosión concentrada por arroyada en la zona incendiada, con pérdida de suelos fértiles y arrastre de cenizas y fragmentos de vegetación quemada a los arroyos, que verán aterrados sus cauces y colmatados sus pozas y azudes» o «la impermeabilización del suelo que hará disminuir el umbral de escorrentía y pueden generar avenidas e inundaciones con más caudal con la misma lluvia».

Asimismo, apuntan, «al haber menor sustentación de los suelos por las raíces, habrá mayor susceptibilidad a los desprendimientos de roca y los flujos de tierras y derrubios, la contaminación de las aguas superficiales de los arroyos por las sustancias producto de la combustión, y de las aguas subterráneas por infiltración de cenizas y restos del incendio; y los previsibles cambios en la permanencia de la cubierta nival invernal y primaveral, y con ello del régimen hídrico de los arroyos del Chorro Grande, de las Flores, Morete y Carneros, todos ellos tributarios del río Cambrones y cuyas aguas finalizan en el embalse del Pontón Alto».

En resumen, si bien el balance de afecciones al patrimonio geológico de este espacio natural es favorable, porque la mayoría de los LIG no han sido directamente alcanzados por el incendio, el impacto de los procesos geológicos activos que pueden desencadenarse «producirán daños y perjuicios a corto y medio plazo», subrayan. «Todos estos procesos potencialmente activos deberían ser monitorizados y articularse medidas correctoras y preventivas, para evitar mayores daños futuros», advierten. (Fuente: IGME / DICYT)

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