Abriendo una antigua muestra lunar del Apolo 17

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Abriendo una antigua muestra lunar del Apolo 17

El mayor legado del programa Apolo desde el punto de vista científico fueron los 381 kg de rocas y regolito que los doce astronautas que pisaron la Luna trajeron de vuelta a la Tierra. Esas muestras —junto con los cerca de 0,33 kg traídos por las tres misiones soviéticas Luna de tipo Ye-8-5— han permitido averiguar que la Luna se creó tras la colisión del hipotético protoplaneta Tea —o Theia— contra la prototierra. Pero la última misión Apolo tuvo lugar en diciembre de 1972, así que no es de extrañar que el hecho de que la NASA «abriese» una «nueva» muestra del Apolo 17 recientemente haya causado cierta consternación… y confusión. ¿Acaso no habían sido analizadas ya todas las muestras del Apolo? ¿Y, en todo caso, por qué ahora? O, quizá la pregunta más importante, ¿para qué?

Gene Cernan recoge un testigo de regolito con las muestras 73001 y 73002 durante el Apolo 17 (NASA).

Bien, veamos. Las últimas tres misiones Apolo, denominadas de «tipo J», fueron las más fructíferas y también fueron las que mayor cantidad de muestras trajeron a la Tierra. Por eso en su momento la NASA decidió guardar un total de nueve muestras selladas de estas tres últimas misiones para ser analizadas con posterioridad. De este modo las muestras podrían ser analizadas con técnicas e instrumentos que no existían cuando fueron recolectadas, como de hecho así ha sido. Además, estas muestras fueron selladas por los astronautas en la superficie lunar para evitar que se contaminasen con la atmósfera terrestre. Esas nueve muestras almacenadas se han ido abriendo con el paso de los años para analizarlas con nuevas técnicas y ya solo quedaban tres intactas, con una masa total de 1,7 kg.

Número de muestras lunares traídas a la Tierra por las misiones Apolo (NASA).
Detalle de la masa y el número de muestras lunares del Apolo recogidas en cada misión (NASA).

El Apolo 17 trajo un total de 110,5 kg de muestras procedentes del valle de Taurus-Littrow después de que los astronautas Cernan y Schmitt recorriesen un total de 36,9 kilómetros a lo largo de tres actividades extravehiculares. Es decir, el Apolo 17 trajo cerca del 30% de todas las muestras del programa Apolo. La NASA decidió preservar las muestras de esta misión catalogadas con los números 73001 y 73002. Estas muestras proceden de un núcleo o testigo de roca obtenido al introducir manualmente un tubo cilíndrico en el duro suelo lunar. Estos testigos son muy valiosos porque contienen muestras de regolito estratificadas que permiten reconstruir la historia de los últimos eones de nuestro satélite. En concreto, las muestras 73001 y 73002 proceden de un depósito creado por una avalancha de material cerca del cráter Lara en el valle de Taurus-Littrow.

Detalle de un contenedor de muestras con testigos del tipo CSVC (Core Sample Vacuum Container) (NASA).
CSVC del Apolo 17 (NASA).

Los tubos con los testigos de regolito recibían en el Apolo la denominación de CSVC (Core Sample Vacuum Container). Los CSVC del Apolo 17 tenían una longitud total de 41 centímetros, un diámetro externo de 6,1 centímetros, un diámetro interno de 4 centímetros y un peso —sin muestras— de 493 gramos. Como su nombre indica, después de ser recogidos por los astronautas, los CSVC se depositaban en contenedores al vacío adicionales con sellos de indio —el elemento— en la superficie lunar para evitar que la atmósfera de las naves Apolo o, luego, la atmósfera terrestre los contaminase (como anécdota, a día de hoy nadie sabe con certeza quién construyó los CSVC, aunque se cree que fue la Union Carbide de Oak RIdge). Al llegar a la Tierra se trasladaron, junto con el resto de muestras, al Lunar Receiving Lab del Centro Espacial Johnson de Houston. Este testigo del cráter Lara está dividido en dos partes: la inferior contiene la muestra 73001 con un total de 809 gramos de regolito correspondiente a una profundidad mayor de 22 centímetros, mientras que la parte superior del tubo es la muestra 73002. En su momento el único análisis que se hizo de estas muestras fue una radiografía para estudiar la distribución de regolito y guijarros dentro del tubo (además de estos tubos, también hay una roca del Apolo 17 que se ha preservado para un análisis futuro y que tiene el número de catálogo 71036).

Radiografías de la muestra 73002 (arriba, en 2019 y abajo en 1974) (NASA).
Un equipo de investigadores abre la muestra 73002 el 5 de noviembre de 2019 en el Lunar Curation Lab (Edificio 31) del Centro Espacial Johnson de la NASA (NASA).

El pasado 5 de noviembre la NASA abrió al fin la muestra 73002 procedente de la parte superior del testigo dentro del programa ANGSA (Apollo Next-Generation Sample Analysis) para ser analiza en profundidad. Era la primera vez que se abría una muestra procedente de un CSVC en 25 años. Y ahora viene la pregunta clave. ¿Por y para qué? El porqué tiene un nombre: el programa Artemisa de la NASA para poner un astronauta estadounidense en la Luna en 2024. La agencia espacial quiere estudiar nuevas técnicas para almacenar y estudiar las futuras muestras lunares del polo sur que recojan las misiones Artemisa. El interés principal del regolito de esta zona de la Luna es su alto contenido en volátiles (principalmente hielo de agua, pero también otros compuestos como OH-, CO2, etc.).

Imagen de contexto del tubo con las muestras 73001 y 73002 del Apolo 17, a 50 metros del cráter Lara (NASA).

La mayor parte de las muestras del Apolo no se almacenaron en contenedores al herméticos al vacío, por lo que los volátiles que pudieran contener hace tiempo que se han perdido. Por eso el estudio de la muestra 73002 es tan interesante, ya que ofrecerá información sobre los volátiles de la superficie lunar. Naturalmente, la zona en la que alunizó el Apolo 17 es muy pobre en volátiles comparada con la del polo sur, pero, pese a todo, su análisis será de ayuda de cara al futuro (también se analizarán algunas sustancias que recubren los guijarros y granos del regolito que, aunque no son volátiles propiamente dichos, se subliman al contacto con una atmósfera normal o de nitrógeno, impidiendo que puedan ser estudiadas). Además de las muestras 73001 y 73002, la NASA guarda otro tubo CSVC —el 69001, del Apolo 16—, así como la muestra 15014, almacenada en un contenedor distinto, de tipo SESC (Special Environmental Sample Container).

El cráter Lara del valle de Taurus-Littrow y la ruta seguida por Cernan y Schmitt durante la segunda EVA del Apolo 17 en una imagen de la sonda LRO (NASA).
La «Estación 3» al lado del cráter Lara vista por los astronautas en diciembre de 1972 (NASA).

Hace medio siglo que la humanidad cuenta con muestras lunares —no, los meteoritos lunares no cuentan— y en este tiempo se han analizado más de cincuenta mil (!) muestras del Apolo a más de quinientos equipos de investigación repartidos por más de quince países (cada muestra original se ha dividido en muestras más pequeñas para su análisis). A estas muestras hay que añadir las destinadas a exhibición en museos de todo el mundo. Actualmente, hay activos 145 equipos de científicos que usan los datos de más de ocho mil muestras del Apolo para sus investigaciones. Ahora que varias naciones, además de EEUU, quieren traer otra vez pedazos de la Luna a la Tierra, estas viejas muestras del Apolo servirán para comparar las nuevas zonas que se exploren con las ya estudiadas. Medio siglo después, las muestras del Apolo siguen siendo útiles.

El ALSRC (Apollo Lunar Sample Return Container), el maletín de aluminio en el que se guardaban las muestras del Apolo para traerlas a la Tierra (NASA).
Número de peticiones de muestras del Apolo y muestras repartidas a lo largo de los años (NASA).

Referencias:

  • https://www.nasa.gov/feature/nasa-opens-previously-unopened-apollo-sample-ahead-of-artemis-missions

LINK DE LA FUENTE ORIGINAL NAUKAS DANIEL MARIN

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